Cada día no es domingo

Abriendo otra vez el telón

Mes: junio, 2010

Náufrago

Sabes? Últimamente, no he vuelto a recibir más mensajes tuyos dentro de botellas. Supongo que será esta isla, que me estará volviendo loco lentamente. Puede que sea la marea, que cambié de ruta tus mensajes y los desvíe hacia otra parte o simplemente que el destino quiera que no lleguen a buen puerto. Creo que este será el último mensaje que te envíe, porque dentro de poco partiré en busca de ayuda. No aguanto más esta soledad. Además creo que estoy perdiendo todas las discusiones mentales y estoy cruzando esa franja delgada que hay entre la cordura y la locura. No puedo. Lo único que me mantenía con ganas de seguir adelante, eran esas botellas llenas de ilusión, esperanzas, cariño y sobretodo amor. He guardado cada uno de esos mensajes con sus respectivas botellas, porque me han mantenido con vida todo este tiempo. Día y noche, los leía y los volvía a releer y así me iba a dormir tranquilo aún sabiendo que seguía en algún lugar perdido. Lo que me mantenía con vida, eras tu. Recuerdas aquel mensaje en el que me dabas esperanza de que pronto llegaría alguien para rescatarme? Ya vino alguien a rescatarme. Esa persona fuiste tú la primera vez que respondiste a mi llamada de auxilio. Te doy las gracias por haberme mantenido con vida durante este tiempo. Ahora toca ser valiente. Saldré a la mar en breve y que sea lo que dios quiera. Te deseo lo mejor y hasta siempre. PD. Con suerte no te habrá llegado nunca esta carta. Firmado Frank, quien te ha querido siempre.

Anuncios

Esta noche

Quiero tenerte esta noche. Quiero abrazarte tan fuerte hasta el punto que nos cueste respirar. Quiero besarte y recorrer con mis labios tu cuerpo desde el cuello hasta tus pies. Quiero acariciarte y agarrarte con toda mi pasión. Quiero arrancarte la camiseta y probar con mis manos toda tu belleza. Quiero jugar con tus pantalones y bajartelos lentamente. Quiero quitarte tu ropa interior de un solo mordisco, que me agarres y me lleves hacia ti. Quiero que nos unamos y que nuestro placer sea tan intenso que nos haga sudar hasta dejarnos deshidratados. Quiero que nos fundamos en un solo deseo, en el de tenerte esta noche y en las demás que nos quedan.

Pasión. Se tiene que seguir regalando momentos de pasión.

Caja de recuerdos

Abrí la caja de zapatos. En ella estaban todos mis recuerdos. Desde el más alegre hasta el más triste. Pude sentir esa mezcla de olores de todos los recuerdos juntos.Fotografías antiguas, piezas de puzzle, dibujos, velas, entradas de teatro, una servilleta, un pañuelo de tela, envoltorios de regalos y hasta incluso una pequeña piedra. Olía a pasado, un pasado bonito. Un pasado que nunca quise olvidar. Dicen que poder disfrutar de los recuerdos de la vida, es vivir dos veces. Y es verdad, la puedes volver a vivir tantas veces como quieras, abriendo solo una pequeña caja. Normalmente cuando me siento mal suelo abrir esa caja y de repente se forma una sonrisa en mi cara.

Quote

Escribo por que es la única forma que se querer.

Casualidad

Fue casualidad conocerte. Fue a propósito quererte.

Una serendipia es un descubrimiento o un hallazgo afortunado e inesperado. Se puede denominar así también a la casualidad, coincidencia o accidente.

La flor más bonita

Era tarde. No había calculado bien el tiempo del trayecto hasta allí. Miró el móvil y pasaban diez minutos. El trafico no acompañaba y los nervios acechaban. Al llegar a la parada salió corriendo hacia el lugar dónde había quedado con ella. De camino, encontró una pequeña floristería, decidió comprarle una flor. Entró y el florista le atendió muy amablemente. Él no muy entendido en el mundo de la jardinería, le dijo que si tenía alguna flor bonita para regalar. En ese momento, el florista le preguntó si era para alguna ocasión especial. Él respondió sí, que estaba buscando algo que no fuera tan sencillo, pero tampoco algo en exceso. A lo que el florista empezó a mirar a su alrededor pensativo. El florista se puso a caminar y éste le siguió. Mientras caminaba delante de él buscando una flor adecuada, empezó a aconsejarle. La primera que señaló, fue una acacia, le comentó que se relacionaba con los amores secretos, para aquellas personas que están enamoradas pero por alguna circunstancias no nos dejan relacionarnos libremente con ella o él. Normalmente, ideal para amantes. Él, interesado en el tema, siguió escuchando atentamente al florista. La siguiente en señalar, fue la flor de alhelí, que servía para homenajear a las mujeres y hombres por su madurez y vitalidad. Una flor realmente bella. Los dos seguían caminando rodeado de flores y el florista continuaba explicando. Esta vez era el turno de las amapolas, normalmente utilizada para acercarnos a personas que nunca nos piden ayuda y que suelen guardarse las cosas muy a dentro de si mismo cargando con un gran peso, normalmente para las personas poco sociables o con problemas para relacionarse con los demás. Él se sorprendió de la forma en que las plantas eran tan complejas y tan importantes para algunas personas. Siguiendo con las flores, le mostró una bonita orquídea. La orquídea, era una de las flores más bonitas del planeta, según decía él, pero cada uno tiene una opinión. A la orquídea se la relacionaba normalmente con la sensibilidad. El florista lo miró como si pudiera atravesar su mirada y ver su alma. Pensativo, giró la cabeza hacia las flores y le dijo que continuaran, que no estaba seguro si sería la flor adecuada para regalar en ése momento, él no muy convencido le afirmó con la cabeza vagamente. Así fue que siguieron hacia delante. Este le señaló una caléndula, una flor que normalmente se utilizaba para regalar a alguien que estaba pasando un mal momento, para dar ánimos. No era lo que buscaba. Llegaron hasta el final de la floristería, pero aún faltaban unas cuantas flores por descubrir su ”uso”. Le tocó el turno a la popular rosa, una flor que se relacionaba con el amor y la pasión, esta se podía regalar en cualquier momento ya que es tan popular su uso que siempre esta presente en todas las parejas. Para él era muy sencilla aún siendo tan bella. Justo al lado de las rosas, estaban las margaritas, que se las relacionaba con la infancia y los amores ”corteses”. No estaba del todo convencido que fueran las flores que él quería regalar. Estaba a punto de comprar las orquídeas, hasta que le señaló la última y de las más bellas que habían en la tienda, una azalea, que representaba la fragilidad y la pasión entre dos personas enamoradas. Le brillaron los ojos, el florista había acertado. Todo el rato que había estado en la floristería no habían sido nada más que unos pocos minutos, unos útiles e intensos pocos minutos. Al acabar de pagar, dio las gracias al florista y salió corriendo de la tienda. Llegó al lugar de la cita y ella estaba sentada en el banco, no le molestó que llegase tarde. Se dieron un pequeño beso de saludo y él le hizo entrega de la flor que tanta ilusión le había echo comprar.

Por mucho que pase el tiempo, hay que aprender a seguir valorando a las personas que tenemos a nuestro lado. Por mucha confianza que haya, hay que volver a sentir como se siente la primera vez que conociste a esa persona. A quererla, a sentir nervios sabiendo que la vas a volver a ver, a ser detallista y a sorprenderla día a día.

Tan lejos

Cuando más cerca estás, más lejos te sientes. Cuanto más lejos estás, muchísimo más lejos te sentirás.

El dibujo

A lo lejos, él estaba apoyado frente un árbol. Le gustaba disfrutar del viento y del ruido de las hojas. Cerraba los ojos y se sentía muy cómodo. Se sentó en el césped y respiró hondo. Seguidamente, abrió la mochila y de ella sacó un cuaderno y unos lápices. Miró al horizonte y comenzó a dibujar. Al principio no se diferenciaba nada, pero poco a poco le fue dando forma y color y ya se podía observar un gran paisaje. Cuando terminó el dibujo, no se dio cuenta, pero tenía un grupo de gente observando la hazaña de un dibujo tan bonito. Este cogió el dibujo acabado y lo rompió a trocitos. Una chica que estaba entre el montón de gente le preguntó horrorizada, cómo es que hacia eso con una creación tan bella. A lo que él respondió, que no había echo nada más que guardarlo en su memoria con los miles y miles de paisajes que había dibujado anteriormente, por que no era nada más que otro paisaje para los demás y que prefería disfrutarlos él mismo, ya que la gente no los disfrutaría tanto cómo él en sus momentos más difíciles y tristes.

”A toda belleza le acompaña una gran pena.”

No te olvides de mí

Llovía. Él esperaba sentado delante de la ventana a que ella llegase. Eran las doce y ella aún no había llegado a casa. Decidió coger el bastón y acercarse al porche. Sólo veía llover. Aquella situación no le gustaba y tenía un mal presentimiento. Asi que en todo el día no se apartó de la ventana. Llegada la tarde, el teléfono sonaba al fondo de la casa. Sin muchas ganas de separarse de la ventana, volvió a levantarse lentamente y se acercó hasta el teléfono lo más rápido que pudo. La llamada provenía del hospital, él sabía que no serian buenas noticias. Con voz temblorosa, preguntó por ella, pero la voz que estaba al otro lado del teléfono sólo aviso de que la paciente estaba en observación. Sin pensárselo dos veces, se abrigó y salió de casa en dirección al hospital. Al llegar, el hospital estaba colapsado. Él sólo quería preguntar, pero la gente que estaba ahí hacía imposible que obtuviera alguna información. Pasados unos minutos sentado esperando a que aquellas personas se fueran disolviendo, se formó el orden en recepción, y por fin pudo preguntar dónde podría encontrar a su mujer. Estaba en una camilla, en una sala de espera. Una simpática enfermera acompañó al hombre hasta su mujer. Pero antes de llegar a ella, le preguntó a la enfermera que le había ocurrido a su mujer, esta le contestó que unos agentes la acompañaron hasta el hospital ya que se había desorientado en el supermercado después de sufrir una pequeña caída. Al llegar a ella, le dio las gracias a la enfermera. Él se sentó a su lado y le cogió la mano. Sonrió. Ella le preguntó si había esperado mucho en casa y le pidió disculpas. Él la besó en la frente y le respondió que no tenía importancia. Y esperaron hasta volver a tener noticias del doctor. Pero pasadas unas horas, llegó el doctor con el alta en la mano, se la entregó a él, junto a un folleto de diversos centros geriátricos. Le explicó que a partir de ahora, su memoria iría empeorando poco a poco, que si necesitaba ayuda que mirase de acercarse a los centros que salían en el folleto. Él algo molesto, le dio las gracias rápidamente y la ayudó a ponerse en pie, se acercaron a la puerta del hospital y se dirigieron hacía casa cogidos del brazo. De camino a casa, pasaron por el parque dónde solían ir cada mañana. Había parado de llover y se podía ver perfectamente el atardecer, ya que las nubes habían desaparecido. Tenían un paisaje de otoño perfecto. Durante el paseo, él iba hablando sobre los recuerdos bonitos que tenían en común. Ella sonriente, apretaba su brazo y lo abrazaba fuertemente. Se pararon a mirar el atardecer. Las luces del parque se iban encendiendo. Siguieron su camino hasta llegar a casa. Al llegar, él le preparó una cena con lo que había en la nevera, era poca cosa pero ella se conformó. Acabada la cena, ambos se dirigieron a la habitación. Se pusieron cómodos para dormir. Se dieron las buenas noches. Él apagó la luz de la habitación. A media noche, él se despertó, se acercó al salón y comenzó a escribir. Volvió a la habitación, apagó la luz y se metió en la cama junto a ella.

La carta decía:

Querida mía.

Te he querido siempre, desde el primer día que te conocí.
Perdóname, últimamente no te lo había dicho muy a menudo y me arrepiento, lo siento.
Ahora va a ser todo tan difícil y lo peor de todo es que nos vamos apagando lentamente.
Que sepas que estaré siempre a tu lado, recordándote todos los momentos que hemos vivido juntos, recordándote el primer beso, nuestra boda, nuestros viajes.
No quiero que sólo sean recuerdos lo que hemos vivido, quiero que sigamos creando más recuerdos.
Te escribo para que lo leas cada día, porque aunque te diga que te quiero diariamente, quiero que sepas el porque de cada te quiero. El porque de cada beso. El porque de cada caricia. El porque de todo.

Te quiere, tu amado Joseph.

Te quiero

Te quiero cuando que me levanto y sé que estás a mi lado. Te quiero cuando me dices que te quieres quedar cinco minutos más en la cama con las marcas de las sabanas en la cara. Te quiero porque aún sin maquillar estás para comerte. Te quiero por darme las buenas mañanas en ropa interior y por provocarme con esas braguitas tan sexys. Te quiero cuando de tu mano me das preparada una tostada con un corazón de mermelada. Te quiero cuando me abrazas por detrás mientras me limpio los dientes. Te quiero cuando te metes en la ducha conmigo. Te quiero cuando me secas el pelo con la toalla. Te quiero cuando te estas secando el pelo y te apago la máquina aunque tengas prisa para ir a trabajar. Te quiero cuando te vas a trabajar y me pones morritos para que te de un beso. Te quiero cuando  aun así estas ocupada en el trabajo, sacas tiempo para mí y me llamas sólo para decirme que me quieres. Te quiero cuando aún así no tienes tiempo para comer me vienes sólo para abrazarme. Te quiero cuando estoy enfadado y me haces reír. Te quiero cuando sonríes. Te quiero cuando te ríes de mis chistes malos, aún así siendo los tuyos peores. Te quiero cuando llego a casa y me tienes preparado una sorpresa. Te quiero cuando en la cena empiezas a chismorrear. Te quiero cuando fregando los platos me empujas con tu cadera para que me aparte. Te quiero porque aún así después del día que tienes, sea bueno o malo, tienes ganas de mí. Te quiero cuando me das las buenas noches a tu manera. Te quiero porque me complementas el día. Te quiero porque vuelves a estar a mi lado cada noche. Te quiero.

Si hay que querer, se tiene que querer de todo corazón. No vale querer poco, ni bastante. Se tiene que querer de todas las formas que se pueda.

”Quiérela, aprecie lo que tiene y ámela mucho.” (Frase extraída de la película un día inesperado)