Cada día no es domingo

Abriendo otra vez el telón

Mes: julio, 2010

No quiero.

No quiero más días. Ni buenos días, ni buenas tardes, ni buenas noches. No quiero volver a levantarme peor de lo que me voy a dormir. Ya no quiero calor, ni veranos interminables. No quiero más cumpleaños, ni regalos bonitos. No quiero ilusiones, ni tener esperanza. No quiero planes ni promesas baratas. Ya no quiero sentirme como un niño pequeño. Ya no quiero más, no quiero nada más.

Espérame Parte 1

Dos hombres bajaron de un coche negro militar. Eran dos soldados. Se acercaron lentamente con el sombrero bajo el brazo. Picaron a la puerta de la casa y con una bandera plegada le dieron el pésame a la mujer. Esta cayó al suelo llorando desconsoladamente.

Pasado unos días, se atrevió a abrir unas cartas que le entregaron los soldados junto a la bandera plegada.

En la primera decía:

Parte 1/2

Querida mía.

Hoy la noche esta estrellada. Tendrías que verlo, tendrías que estar aquí conmigo para disfrutar de esta noche tan maravillosa… Oh dios… No sabes lo mucho que te echo de menos.

Es la primera noche que no hay fuego entre los dos bandos, pero aún seguimos en alerta.

Por fin puedo escribirte tranquilamente, tenía unas ganas horribles de enviarte una carta, estoy que explotaré de tanto pensar.

Últimamente, tus cartas han sido muy frías y un tanto breves. No quiero pensar nada malo, supongo que estarás pasando un mal momento. Espero que se pueda solucionar pronto.

Quiero que sepas, desde que me levanto por las mañanas hasta que me voy a dormir, te tengo en mi pequeña cabeza. Tengo tu foto en mi casco, porque sé que eres la suerte de mi vida y si tu estás ahí, nada puede hacerme daño.

No te preocupes, estoy comiendo bien y de salud voy sobrado.

Pensaba que no se me haría tan duro todo esto, pensaba que podría ser mucho más fácil y que el tiempo pasaría rápido, pero es todo lo contrario.

Cuando cierro los ojos, te veo. Tu boca, tu nariz, tus orejas, tus ojos… ay tus ojos, tu pelo…

Oh! Me haces tanta falta… más que el aire ahora mismo.

Espero que todo siga igual, porque falta poco para volver a verte.

Aguanta, por favor. Te quiero. Te quiero y te quiero.

Equivocarse

Porque no puede ser todo un pelín más fácil? Ser algo más agradables… Ser más cariñosos… Poder saludar a la gente, por las mañanas, por las tardes y que estas te devuelvan un saludo agradable. Sonreír a las personas y que estas te devuelvan una sonrisa de mejilla a mejilla… Estas son cosas que nos harían más humanos. El querer y ser querido… Ahora mismo, puede que estemos malgastando sentimientos con personas que no se lo merecen o con las personas equivocadas, pero siempre quedará aprender de nuestros errores. Porque hay gente que se equivoca y se vuelve a equivocar, y luego sigue equivocándose, y así continuamente. Y así se forjan las personas buenas, creciendo su corazón equivocándose una detrás de otra.

Buenos dias

07:00 AM. Suena la alarma. Ella abre los ojos lentamente, observa a su alrededor y se da cuenta de que tiene una bandeja en la mesita de noche, con un vaso de zumo de naranja recién exprimido, unas tostadas untadas con mermelada de fresa, unas cuantas frutas, una rosa y una nota. En la nota: Buenos días cabezona mía. Espero que comiences el día cómo tu quieres. Yo te ayudaré un poco con el desayuno, con el que espero que ahora mismo estés disfrutando. Te he dejado una rosa, porque es bonita y huele cómo tú. Que sepas que hoy no hace un gran día, creo que al sol le ha dado por esconderse detrás de unas nubes algo tristes. Ya sabes que me gusta mojarme, así que te he dejado el único paraguas que había. Estaré esperando con ganas de que llegue la noche para volver a verte. Espero que cuando vuelvas, lo hagas con la misma sonrisa con la que saldrás de casa. Te deseo un gran día. No te dejo ningún beso, porque me los guardo para esta noche así los esperarás con muchisimas ganas. Te quiero.

Quédate a mi lado

– Estás bien?
– Sí, no es nada. Estoy algo cansada.
– Seguro?
– Sí, tranquilo.
– Entonces si estás bien, me voy. Que creo que la noche se ha alargado bastante.
– Me lo he pasado genial.
– Yo también, nunca mejor dicho ha sido una noche mágica. Me ha encantado el espectáculo de magia.  Muchas gracias por invitarme pero es tarde y debería irme a casa.
– Mmmm, a mi no me parece que sea demasiado tarde. Pero si tienes que irte…
– Bueno, si quieres me quedo un rato pequeño.
– No lo tienes que hacer por obligación, pero si estas cansado, ves a descansar. Igualmente me verás mañana.
– No es que lo haga por obligación, pero si me dices que no es demasiado tarde con esos ojitos, me quedaré porque es imposible que me pueda ir.
– Tonto.
– Tonta.
– No quiero que te vayas.
– Ya te he dicho que me quedaré un rato más.
Me refiero a que no te vayas de mi lado. De que te quedes toda la noche. De que te quedes siempre.
– Pensaba que nunca me lo dirías. Llevo todas estas noches esperando un rato más para que me digas que quieres que me quede a tu lado para siempre.
– Tú no pensabas decírmelo?
– La verdad es que no, y no es por falta de ganas. Pero no tengo tanto valor cómo tu como para arriesgarme a tirarme desde un avión sin saber que el paracaídas está preparado para ser utilizado. No quiero que me mal interpretes, simplemente que me entiendas. No quería decirte lo hasta estar totalmente seguro de que sentías lo mismo.
Te entiendo. Pero si no llega a ser por hoy, por esta noche, hubiéramos seguido así día tras día.
– Puede ser, pero hoy has tenido ese valor de arriesgarte y has apostado con todo corazón y has ganado. Esta es tu recompensa. Que ahora mismo esté aquí, delante de ti, a las 4 de la mañana, sincerándome y abriendo otra vez mi corazón sólo por ti. Hará tiempo, no hubiera tenido tanta confianza como tengo ahora para decirte todo esto, porque es difícil volver a reconstruir un corazón, trocito a trocito, trocitos minúsculos y volver a colocarlos en su respectivo lugar. Gracias por decirme que me quede a tu lado. Yo también quiero quedarme a tu lado sea esta noche, la siguiente y las que nos quedan.
– Yo puedo tirarme desde un avión, con los ojos vendados y sin paracaídas, porque sé que tu estarás para amortiguar esa caída. Porque sé que eres tú la persona que tiene que estar a mi lado y no otro. Y me arriesgaría a decírtelo cada día y noche, solo por ti.

Bajo la lluvia

Són muchas las razones por las que estoy ahora mismo aquí, debajo de tu ventana con esta tormenta, mojándome cómo un idiota. Razones por las que quiero mojarme y me da igual todo. Me da igual gritar y despertar a todo el mundo. Aunque no quieras abrir esa ventana, sé que estas ahí, en la cama, con los ojos abiertos e intentando hacerte la dormida. Pero me da igual. Te diré las razones por las que he venido hasta aquí. Que sepas que estoy aquí porque eres la única persona que me ha hecho ver que el amor no tiene fronteras y es igual para todos. Además porque me has enseñado que se puede amar de muchas formas y no solo con un simple te quiero. También Porque me has dado mucho más en tan poco tiempo, que cualquier persona que haya pasado toda la vida junto a mí. Porque sé que tienes un corazón que no te cabe en el pecho y al que ahora mismo no estás escuchando que te está pidiendo a gritos que lo mimen y lo cuiden. He venido aquí a buscarte por que no me da la gana de rendirme tan fácilmente. Porque justo hará un año te conocí y desde aquel día todo cambió para mí. Porque un segundo de nuestras vidas podría haber cambiado nuestro destino y éste quiso que coincidieramos en aquel lugar. Porque de no ser por ti, nunca habría sabido querer cómo estoy queriendo ahora mismo. Sé todo esto porque cuando te miro veo muchas cosas. Muchas de las cosas que hacen que no quiera tirar la toalla. Porque eres la razón que tengo para reír, sonreír y saltar de alegría. Porque eres la razón por la que tengo ganas de inundar toda mi habitación de lágrimas. Porque eres la razón por la que no quiero irme a dormir. Y la razón por la que tengo ganas de levantarme solamente para verte a ti. Porque eres la razón por la que tengo unas ganas tremendas de vivir y por lo contrario eres la razón por la que quiero dejar de existir si no estoy junto a ti.

Diálogo

– Ella es feliz?
– La verdad es que no sé, seguramente ahora mismo esta bien, la he llamado hace poco y tenía que hacer unos recados, pero yo la veo bien.
– No te hablo de eso, sino de que si ella es feliz contigo.
– Ah! Pues supongo que si.
– Supones?
– Sí, que quieres que te diga?
– Pues que sí. Sin suponer ni creer nada. Que me digas que sí.
– A que viene todo esto?
– No viene a nada, simplemente, piensa en ella. Cuando estés a su lado, dile que la quieres, sin más. Dile lo feliz que eres cada vez que estás con ella en el momento más inesperado. Dale un gran abrazo de todo corazón cuando su mirada no sea igual que siempre.  Mímala cuando esté algo mal. Y sobretodo, hazla reír. Porque un día se dará cuenta de que en aquellos momentos en que ella fue feliz, fue a tu lado.