Cada día no es domingo

Abriendo otra vez el telón

Categoría: Cita

Tú tan croqueta y yo tan empanado

Cómo siempre dejo mucho tiempo entre entrada y entrada, pero cómo suelen decir, año nuevo… vida nueva. Así que intentaré volver a poner las cosas al día.

Hará unos días pude leer un articulo en el pais increible de Sivia C. Carpallo:

Es casi como dejar de fumar: aunque lleves tiempo sin probarlo, basta una sola calada para volver a caer. Casi todos hemos sido alguna vez víctimas de uno de esos amores interminables. Esas historias que, por más que te alejes, vuelven una y otra vez a tu vida, y parecen no acabar nunca. Es muy difícil definirlas. No acaban de ser un ‘noviazgo’ que puedas medir en una medida de tiempo estable, porque se alargan en vaivenes. Pero tampoco son estrictamente un ‘rollo’, porque lo que os une, sea lo que sea, desde luego, es intenso. A mí me gusta simplemente llamarlas ‘historias’, porque son ese tipo de relaciones que marcan la historia de tu vida.

Son amores adictivos, porque se basan en el viejo de refrán de “una de cal y una de arena”. Son juego y diversión, pero también son relaciones que nos hacen sacar ese lado masoquista que todos llevamos dentro. Suelen ser amores intensos, pero con la persona inadecuada. Y es que ese es el problema, por mucho que os empeñéis, no conseguís funcionar como pareja. Los motivos pueden ser muchos. Sois tan diferentes que los polos se atraen sin remedio, pero también son esas diferencias las que os hacen del todo incompatibles a la hora de construir algo juntos. Puede ser que el vínculo que os une sea muy emocional, pero por norma general, la química tiene mucho que ver al respecto. Son historias en las que lo más adictivo es el sexo.

El problema de estas relaciones es que, aunque en el corto plazo sean muy placenteras, a largo siempre acaban por lastimar a alguien. Y es que jugar con fuego es lo que tiene, que a veces quema. Puede que, incluso, a una tercera persona, si él tiene pareja, o si la que está comprometida en una relación es una misma. Pero sobre todo os acaban provocando dolor a ambos, aunque a veces a uno más que al otro. Porque duele querer estar juntos, pero no saber cómo. Y, sin embargo, a veces, ese dolor es parte de la misma adicción, y es la causa que os impide separaros definitivamente.

Otras veces, lo que los hace adictos es la aventura, el reto. La necesidad de conseguirlo, de pensar que podemos hacer cambiar a esa persona y convertirla en nuestra pareja ideal, sin entender que el amor consiste en amar al otro tal y como es (salvo algunas manías que siempre podemos limar, claro está), y que por muy especial que seas para alguien, eso no implica que deba de cambiar su forma de ser y de pensar por ti. A veces es tan simple como entender que no estáis hechos para estar juntos, por mucho que os empeñéis en lo contrario.

Aun así, aun sabiendo que es dañino, que os volveréis a enganchar el uno al otro, y que acabaréis lamiéndoos las heridas en soledad una vez más, no se puede evitar pensar en todos esos buenos momentos que habéis compartido juntos. Y cuesta pensar en porqué lo dejásteis la última vez, en si el motivo era lo bastante bueno como para perder todo eso, en si es posible que hayáis madurado lo suficiente como para volver a intentarlo, en si las segundas, terceras o decimocuartas oportunidades pueden ser buenas, o en si quizás estés dejando escapar al amor de tu vida.

Cuesta asumir que no puedes tener algo que deseas con todas tus fuerzas. Pero en realidad, madurar es eso. Asumir que hay gente que se cruza en tu vida para hacerte aprender y experimentar muchas cosas  pero que no lo hace para quedarse para siempre. Que debes dejarlos ir, para dejar espacio a todo lo nuevo que aún está por venir. A veces las historias son intensas, precisamente porque tienen fecha de caducidad, pero si las consumes después de esa fecha, acaban por sentarnos mal.

Hay que aprender a decir ‘adiós’, y no quedarnos siempre en un ambiguo ‘hasta pronto’, para guardar con cariño los mejores recuerdos.

La verdad es que en el momento de la verdad, por muy valiente que intentes ser para decir: Basta!… te acaba volviendo el miedo por el hecho de que a lo mejor no podrás encontrar a nadie cómo ella.

Dijo Andrés Suarez en su día; Que si tu ves a una persona y esta no se enamora cómo tu lo estas de ella, sal de ahí… No es tu persona…

Noviembre siempre triste y tu viniste proponiendo guerra.

Por naturaleza, el ser humano ha querido siempre aquello que no tiene y por que? Supongo que será para ver las estupideces que llegamos a hacer o decir para poder conseguirlas.

Parezo un llorón quejandome todo el día, pero es que por muchas veces que lo piense y no quiera admitirlo, siempre acabo con la misma conclusión, quiero aquello que no tengo.

Desde que llevo metido en esto de la hostelería, que no levanto cabeza en poder tener o mantener una relación con alguna persona, supongo que será esto de poner el trabajo por delante de cualquier cosa… o yo que sé! Pero aún así no lo entiendo, porque conozco cocineros, compañeros que tienen una vida tan normal con sus parejas… A lo mejor seré un bicho raro? Puede ser.

Cuando el trabajo va bien, ya por ley… Algo tendrá que ir mal, no?

Os podría contar mil historias de las que he podido pasar para intentar que ella se fije un sólo momento en mí y la verdad es que serían las mil historias que nadie tendría que hacer para conquistar a alguien.

Aquí te dejo una serie de consejos para tí, completo desconocido que seguramente estarás con ella pasando tardes molonas.

1. La primera vez que la veas, sonríe y échale un piropo bonito. (No pierdes nada… o bueno, a lo mejor un poco la dignidad si tartamudeas).

2. No le gusta que la invites. (No es una mendiga… y si vas a pagar hazlo con clase, haz ver que vas al lavabo, lo dejas todo pagado y al volver le dices que ya está solucionado, te mirará algo extrañada… Pero cuando os estéis alejando del sitio suéltale un: Alguna vez has hecho un sinpa? Porque la verdad es que no he pagado nada… Se asustará un poco, pero cuando le cuentes la verdad se reirá, aunque ya no te crea en lo que queda de tarde).

3. Compra macarons y compartelos, los dulces aunque sean el recurso fácil es la mejor forma de compartir momentos dulces con ella, le encantan.

4. No hagas que camine demasiado, no tiene ganas de caminar sino de estar contigo.

5. No prometas tanto y dá mucho más de tí, espera acción y no palabrería.

6. No le gusta la tecnología, déjate el saldo el sms y olvídate del whatsapp…

7. Haz que se muera de risa (Pff es lo mejor que tiene a demás de sus ojos! Verás que es no es nada dificil saber hacer que ría, sé tú y algo payasete.)

8. Cuando quedes con ella, déjala en la puerta de su casa. Por muy lejos que viva, es lo que hay o te las verás conmigo.

9. No la compares con ni con peces ni con nada que tenga que ver con constelaciones galácticas. Ya me entenderás.

10. Si quieres que funcione, no sigas ninguno de los consejos anteriores… O intentalos seguir.

A lo mejor no es el que, sinó el quien… Suerte!

Que yo te ví primero, sobraba lo demás y cuando menos debo, te vuelves a cruzar se cae el mundo al suelo, que tengo lo que tengo, debo lo que debo y quiero lo que quiero.

Suerte?

Podría ser que un objeto en sí, traer suerte a pequeñas porciones? Últimamente me doy cuenta que sí. Creed en la suerte.

Anticiclón – Ivan Ferreiro ft. Leiva

Si pudiera volver hacia atrás otra vez, repetiría mil veces todo lo que hemos pasado.

Ojos verdes

Yo creo que he visto unos ojos como los que he pintado en esta leyenda. No sé si en sueños, pero yo los he visto. De seguro no los podré describir tal cuales ellos eran: luminosos, transparentes como las gotas de la lluvia que se resbalan sobre las hojas de los árboles después de una tempestad de verano.

Eme.

G. A. Bécquer

 

A los que aman

Dicen que a través de las palabras, el dolor se hace más tangible. Que podemos mirarlo como a una criatura oscura. Tanto más ajena a nosotros cuanto más cerca la sentimos. Si uno de estos pequeños granitos enferma, el resto del organismo enferma también. Pero yo siempre he creído que el dolor que no encuentra palabras para ser expresado es el más cruel, más hondo… el más injusto. Pasé mi vida amando a una mujer que amaba a otro que no la amaba sino que amaba a otra de la que nunca supo si la correspondía. Era un tiempo en el que miraba al futuro con más esperanza que miedo.

El odio es un lastre.

Mi mayor problema es que no puedo estar enfadado. Siempre termino perdonando a las personas, incluso cuando no lo merecen.

Todo es práctica.

La felicidad necesita práctica. Dedica 5 minutos cada día a sonreír, solo sonreír y después de un tiempo, saldrá natural.

Bailame el agua

Prefiero morir vicioso y feliz a vivir limpio y aburrido. Prefiero encontrar una estrella en el fango a cuatro diamantes sobre un cristal. Prefiero que la estrella queme, sea fuego, a un tacto rezumante de frialdad. Prefiero besar el duro suelo veinte veces para llegar una sola vez a lo más alto a escalar poco a poco, sin caer nunca pero sin llegar jamás a la cima. Prefiero que me duela a que me traspase, que me haga daño a que me ignore. Prefiero sentir. Prefiero una noche oscura y bella, sucia y hermosa, a un montón de días claros que no me digan nada. Prefiero una cadena a un bozal. Prefiero quedarme en la cama todo el día pensando en mi vida a levantarme para pensar en la de otros. Prefiero un gato a un perro. Porque el gato te araña, es infiel, te ignora, se escapa, pero sabes que, a pesar de todo, no podría vivir sin ti. En cambio, el perro es tonto, no sabe nada, te obedece hasta el absurdo. Prefiero las mujeres gato a las mujeres perro, por las mismas razones. Prefiero el mar a la montaña. La vida es una noche tumbado en la playa, mirando las estrellas sin verlas, soñando despierto, dejando que la arena se cuele entre los dedos de mis pies, embriagado de todo. Y la noche, siempre la noche. Nunca la luz del sol. La noche es mágica. Me hace vivir, no pensar. Me pone en movimiento. Rompe mis esquemas. Prefiero las noches frescas de verano, andar con poca ropa, sentarme en el suelo y meterme algo de vida en el cuerpo. La mañana me sabe a dolor de cabeza. Me da sueño. Me quita las ganas de hablar. Me recuerda que soy mortal. Me recuerda que soy normal. La noche me hace único. Prefiero experimentar las cosas, aunque me hagan mal. Aunque me hiervan la sangre. Prefiero probarlo todo a morirme sin saber lo que me gusta. Y, más que nada, prefiero la vida que dan sus besos de caramelo y la suave caricia de su piel caliente.

Rm.

La vida entera es fracasar. Espabilamos gracias a morder el polvo, comernos los yo nunca y aguantar unos cuantos ya te lo dije.